
Ante todos estos artículos, vale entonces ampliar los interrogantes.
La infidelidad nace con el hastío, el aburrimiento, la búsqueda no programada. Es decir: no siempre somos infieles por castigo o por culpa del otro. Pero ¿si el erotismo desapareció?.
Debemos preguntamos entonces: ¿Cómo insertar los valores que nos otorga el erotismo en casa, en el espacio elegido, en la pareja, en el amor?.
Otra duda que nos surge dice ¿Cómo incluir la transgresión, la ruptura de lo establecido, la aventura en nuestro sólido y rutinario matrimonio?. Y además, para un sitio que no da lugar a la “locura adrenalínica”…¿cómo abrirle las puertas a nuestra a veces abandonada seducción en un vínculo de dos que se supone y se sabe y se espera cierto, estable y eterno?.
Las respuestas, claro, no son para nada sencillas. Ahora y siempre se ha hecho difícil aceptar que cuando logramos la comodidad del amor confirmado para poder finalmente cerrar un proyecto de vida junto al otro, la amenaza de la disociación, de la separación y del enfrentamiento que ocurre entre el amor y el erotismo diga presente y se instale en el vínculo. Y a pesar de que es algo totalmente lógico y normal, deberíamos resistirnos, no corresponde pensar que ya está, que corresponde relajarnos y debemos tomarnos la tarea de “arremangarnos” el overol para trabajar la pareja.
Y sin embargo de eso se trata convivir, en eso debemos tomarnos el tiempo ya que se dice que el erotismo no es para nada lineal. Y, para peor, sabemos que no camina paso a paso hacia un final que se estime feliz.
El erotismo, para ser tal, para crecer, desarrollarse necesita inquietarse, saberse en constante búsqueda, estar para no permanecer, ir y venir. ¿Te parece una ardua complicación, no es así?. Claro: nadie dijo que sería fácil.
Si aguardas a mañana, podemos seguir debatiendo y brindarte una serie de consejos.
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